Crónica: Oh, la Biennale!

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Esta semana nos acompañan en Mosaico Digital los cientos de artistas que han participado en la 54 edición de la Bienal de Venecia bajo el título de Iluminazioni, una gigantesca exposición de arte contemporáneo que ha batido récords de participación y de público. A través de esta crónica les invitamos a adentrarse en el mundo tan poco conocido del arte contemporáneo y revivir con nosotros un día en los Giardini, el escenario de uno uno de los eventos culturales más importantes del mundo. 

Si ya de por sí Venecia enamora a todo aquel que la pisa, imagínense cuando está rodeada de arte. Cada dos años, la ciudad se viste de gala para acoger una gran exposición dedicada exclusivamente al arte contemporáneo y que sirve de lanzamiento para muchos artistas poco conocidos, o bien para reconocimiento de los que ya lo están. En cualquier caso, y les guste el arte contemporáneo o no, lo que es innegable es que visitar la Biennale [ing.] es un ejercicio de curiosidad para cualquiera. De hecho, no se sorprenderán de ver niños, gente joven, adultos o incluso ancianos paseando por sus decenas de sedes. Las reacciones de todo este tipo de público al estar frente a obras tan controvertidas son muy distintas. Porque, avisamos, lo que van a ver ustedes en esta exposición no lo habrán visto jamás a no ser que sean incondicionales del Reina Sofía. Porque la cuestión es, ¿cómo reaccionaría usted ante esto?

Exposición en el pabellón de Suiza del artista Thomas Hirschhorn/ Foto cedida por el artista.

Es sin duda un ejercicio de reflexión y tolerancia acercarse al arte contemporáneo con pies de plomo. ¿Arte? ¿Arte sólo para algunos pocos? El debate está servido en esta 54 edición de la Bienal, que ha acogido la representación de 89 países y ha contado con la celebración de multitudinarios eventos colaterales de cine, arquitectura, música o teatro.

Entrada al pabellón central de los Giardini/ Foto: Sofía Martínez.

Para los que aún no lo sepan, la Bienal se celebra cada dos años y está separada en tres focos principales. El primero, los Giardini [ing.], un vasto recinto arbolado en el que se encuentran pabellones de diferentes países en los que cada uno escoge un artista nacional para representarles en la exposición. El segundo, el Arsenale [ing.], el antiguo astillero veneciano en el que se muestran diferentes obras de artistas contemporáneos. En tercer lugar encontramos numerosas pequeñas exposiciones [ing.] ubicadas en antiguos palazzos venecianos que también merecen una visita, si se tiene tiempo de sobra.

Si solo se disfruta, como es el caso, de un sólo día para visitar la Biennale, se aconseja visitar una de las partes con calma, en vez de visitar el Arsenale y el Giardini superficialmente. Nuestra visita a la Biennale comienza a las 10:00 en los Giardini, hora de apertura, en donde nada más entrar llama la atención la suntuosa puerta del pabellón central. En él se lee el título de esta Biennale 2011: Iluminazioni. Es la foto que ningún visitante deja pasar.

 La gran cantidad de países con sedes en los Giardini hace que sea imposible visitarlos todos en un sólo día. Siguiendo el mapa que dan en taquilla, el primer pabellón cercano a la entrada es el de Suiza, que ha contado con la obra del artista Thomas Hirschhorn [ing.] para su representación. Hemos aprovechado una fotografía de la obra del artista para preguntarles cómo reaccionarían ustedes ante una obra así.

La obra del suizo Hirschhorn, Crystal of resistance/ Foto: Sofía Martínez.

Este trabajo de filosofía artística (Crystal of resistance [ing.]) a base de fotografías y esculturas de diferentes materiales deja al visitante un tanto confuso. Es fácil frustrarse ante muchas de las obras que así se encuentran, esta por ejemplo, o tender a pensar que lo que estamos viendo no tiene ningún valor artístico. Pero es importante olvidarse de los prejuicios al contemplar estas obras si se pretende disfrutar de la Biennale.

La nueva versión de la famosa escultura de la piedad de Miguel Ángel en el pabellón de Corea/ Foto: Pedro Ángel Castillejo.

Llegamos al pabellón de Corea y nos encontramos una escultura que nos resulta familiar. En efecto, la nueva piedad y las flores inundan este pabellón obra del trabajo del artista Lee Yongbaek [ing.], Love is gone, but the scar will heal [ing.].

Merece la pena echarle un vistazo este vídeo expuesto en el pabellón de Corea: (duración: 00:23)

Sin duda, el listón se pone de lo más alto cuando visitamos el pabellón de Alemania, que ha preferido  rebautizar el nombre del pabellón por “Egomania”. No en vano, el pabellón alemán ha sido galardonado con el mayor premio que concede la Biennale: el León de Oro al mejor pabellón nacional [ing.].

Interior del pabellón de Alemania, que reproduce un oratorio/ Foto cedida por homebuildlife.

Todo llama la atención en la obra alemana que este año ha optado por hacer una retrospectiva del recientemente difunto artista Christoph Schlingensief [ing.]. La propuesta revive, a través del formato audiovisual, la carrera de Schlingensief, así como la experiencia de su enfermedad. El recinto reproduce en su interior un oratorio, en cuyo espacio central se proyecta A Church of Fear vs. The Alien Within (2008), una película dedicada a la  enfermedad del artista tras varios meses de quimioterapia y de haber sido operado del pulmón.

Al salir del pabellón alemán, llama la atención la instalación que se presenta frente a nosotros en el  pabellón francés. La obra de Christian Bolstanki Chance [ing.] se presenta como una insólita obra sobre la vida y la muerte. Nada mejor que echarle un vistazo al siguiente vídeo para hacerse a la idea de las dimensiones del trabajo del artista francés: (duración: 2:23)

El pabellón danés rebosa calidad, quizá de los que más. Su diseño es fruto de varios de artistas que se han unido en este pabellón bajo el lema Speech maters [ing.], un auténtico llamamiento a la libertad de expresión. En esta exhibición se tiene la oportunidad de pisar el rostro de figuras como Berlusconi  talladas en el suelo de madera.

Fachada del pabellón danés Speech matters/ Foto: Sofía Martínez.

En el pabellón para "la libertad de expresión revolucionaria" (Pavilion for Revolutionary Free Speech) del artista Thomas Kilpper, los visitantes pasean sobre el rostro de figuras como Berlusconi o Benedicto XVI/ Foto cedida por kunst.dk

Tanto arte da hambre, y por eso hay una buena oferta para comer algo dentro del recinto de los Giardini. Mientras se disfruta del sol tras una buena comida, es posible que le resulte extraño oír el sonido de un tanque ponerse en marcha. No se asusten, es la obra de Jennifer Allora y Guillermo Calzadilla [ing.] Gloria [ing.], instalada en el pabellón de EEUU. Pasen y vean, porque no encontrarán a tanta gente concentrada alrededor de una performance en ningún otro espacio de los Giardini. ¿Quién no se asombraría al ver a un tipo corriendo sobre un tanque ruso? (duración: 00:34)

Aunque el pabellón español no despierte especial atención entre los visitantes merece la pena echarle una ojeada. Nos representa la artista vallisoletana Dora García con una obra que lleva como título Lo inadecuado,  un proyecto que según la autora refleja “un sentimiento de malestar, de desajuste, de torpeza”. Merece la pena darse un paseo por una de las performances que han tenido lugar en el pabellón español: (duración: 4:43)

El pabellón central merece una buena dosis de tiempo para disfrutarlo. Los visitantes no dudan en sentarse frente a las proyecciones hasta que deciden seguir adelante, los más pequeños disfrutan tocando todas las obras de arte que se presentan a su altura en colores tan atractivos y texturas tan nuevas que les es imposible a los más adultos no sentirse tentados por el mismo ánimo de tocar.  Y es de tocar, y de experimentar cosas nuevas lo que nos ofrece el pabellón central. Y si no, díganselo a todos aquellos  que no dudaron en crear su propia obra en plastilina en esta original obra de la estadounidense Norma Jeane [ing.].

Norma Jeane y su oba "Lives and Works everywhere"/ Foto: Sofía Martínez.

Norma Jeane y su oba "Lives and Works everywhere"/ Foto cedida por Universe in Universe.

Por desgracia, la Biennale cierra sus puertas a las 18:00, así que la mayoría de los visitantes salen de los Giardini cansados de tanto andar, pero también apenados por no haber podido ver más cosas. Salimos de las puertas de los Giardini, pensando en todo lo que hemos visto y lo inspirador que resulta encontrarse tantas ideas juntas hasta que de repente se aparece ante nosotros la postal más bonita que podíamos encontrarnos.

Parece que el atardecer veneciano se compincha con el horario de la exposición para regalar a los últimos que atraviesan sus puertas el perfil de la ciudad de Venecia, dibujado por los últimos rayos de sol. Les regalamos a ustedes la imagen que nos encontramos. Esperamos que nos acompañen la próxima semana en esta misma sección, pues nos acompañarán los Autocantantes, el grupo de rock reivindicativo más castizo de la capital.

¡Hasta la semana que viene!/ Foto: Sofía Martínez.

Sofía Martínez

2 pensamientos en “Crónica: Oh, la Biennale!

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