Diario de un becario en un periódico local-Día 6

Creo que hoy he asustado un poco en la redacción (en el buen sentido, claro). Mis compañeras de sección se estaban repartiendo los días de vacaciones y, como es lógico, todas querían librar el mayor número de días. La redactora jefe me había dicho varias veces que yo no iba a ir a trabajar este fin de semana. Y yo, intentando hacerme la tonta, le he dicho varias veces algo así como: “bueno, ¿entonces para mañana qué tenemos?”, entonces ella se ha echado a reír y me ha respondido: “pues sí que tienes ganas de trabajar tú madre mía. Ale, pues vente mañana”.

Es cierto que a todo el mundo le gusta estar de vacaciones pero no sé… para mí estar trabajando allí no es un trabajo, es, no sé, un privilegio. No sé si se puede considerar trabajo ir a los sitios, conocer lo que está pasando, y luego tener habilidad para plasmarlo en una hoja de papel. Honestamente, creo que es un placer hacerlo y que te paguen dinero. Yo iba encantada a trabajar todos los días. De todos modos, es cuestión de tiempo cansarse de las cosas, eso lo sé.

Hoy no he firmado ningún artículo. Pero a eso de las once y pico ha tenido lugar en la redacción un debate de lo más interesante cerca de donde estaba yo trabajando. Por lo que he podido deducir, lo que pasaba era algo así como que había pasado una cosa y los redactores la estaban tratando de manera que no quedara bien alguien que, en teoría, sí debía quedar bien. El caso es que esa expresión que solemos utilizar los periodistas de “sé donde trabajo” (en el sentido de soy un medio de derechas… soy un medio de izquierdas…) se la he oído decir a mis compañeros. No es nada alarmante, estas cosas pasan en cualquier lado, pero no sé. Me ha gustado comprobar que es una realidad.

Ahora tenemos un problema, porque no sé si “saber dónde trabajo” significa los de rojo son los colegas o lo son los de azul. O lo son los nacionalistas (no tengo ni idea). En fin, no creo que tarde mucho en descubrirlo…

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Diario de un becario en un periódico local- Día 5

Es un orgullo empezar el día 5 diciendo que me han dejado firmar ya tres artículos. Hace unos días fui a mi primera rueda de prensa (¡todo un acontecimiento!) e hice muchas preguntas. Lo que escribí le debió de gustar a la redactora jefe porque cuando leyó el artículo me dijo: “no te he cambiado ningún párrafo de orden, lo cual es muy raro. Así que podría decirse que lo has hecho bien”.

¡Lo has hecho bien! qué gusto da oír esas palabras viniendo de un jefe. Aunque eso de jefe… aquí es todo muy campechano. En la redacción se respira buen ambiente, apenas hay despachos y todos estamos en la misma habitación. Eso hace más fácil que la gente esté comunicada, haciéndose bromas, compartiendo cosas que escribe y no sé… qué voy a decir. No me imagino en la redacción de El País al redactor jefe levantándose de su mesa para ayudar al becario de turno que no sabe cómo insertar una foto.

Esa es, a mi modo de ver, la mayor ventaja de estar trabajando en un diario pequeñito. Es alucinante, la gente se aprende tu nombre, te trata de mil amores y cada día que llegas te preguntan: ¿Qué tal vas? ¿Todo bien? ¿Necesitas algo?

No se puede pedir mucho más. Me da vergüenza acompañar este artículo con una viñeta de Forges en la que se ve a los becarios sudando la gota gorda porque les están explotando. Así que hoy voy a poner una que me parece muy adecuada a tenor de los tiempos que corren.

Por cierto, mañana publico mi primer reportaje. Es sobre un autobús atómico que había aparcado en una plaza de Pontevedra para que fueran los niños y les pusieran a hacer actividades para concienciarlos de que es bueno reciclar y demás. No lo he puesto en el artículo, pero cada vez que veo un proyecto pedagógico en el que se ha invertido un pastizal (como es el caso) para que los chavales aprendan y luego veo a los propios chavales que se distraen con tanta tecnología y que no aprenden nada me molesta bastante. Sólo os digo que les estaban proyectando en el interior del autobús (¡tenían un cine dentro!) un video interactivo en 3D sobre cómo se reciclan las pilas y lo único inteligente que he oido decir a los críos es: “Ala, ¡pero si es la voz del Dr. Skiner!”

Las nuevas tecnologías, ¿enseñan o distraen? Pues qué queréis que os diga… mucho nativo digital pero poca chicha.

Diarios de un becario en un periódico local-Día 2

Hoy era mi segundo día. Y menos mal que era lunes, porque no se si os habéis dado cuenta de que el periódico de lunes a viernes es más fino de lo normal, y eso se nota en la redacción. Hoy he conocido a más gente, y me sorprende que absolutamente todos los compañeros que se presentan y tienen muchas ganas de enseñarme. Debe de quedar bien claro que aquí los becarios no vienen a quitar el puesto a nadie, como pasa en otras redacciones, en las que los veteranos dejan que te pudras en el fango (o eso nos cuentan los profesores en la carrera y, todo hay que decirlo, nos asustan).

En el diario estoy trabajando en una sección que se llama “Vivir aquí”, que es algo así como cajón desastre de cultura, ciencia, salud, sociedad… todas esas cosas que son muy bonitas pero que no se merecen una sección particular. Ah y también tenemos una sección de cotilleos (en la que cabe desde la separación de Jennifer López hasta una muchacha de Pontevedra que ha celebrado su cumpleaños ese fin de semana). Esa es una de las secciones que me tiene alucinada en esto del periodismo local: ¡Todos somos notica!

Bueno, el caso es que a eso de las 6 la redactora jefa ha salido de la reunión que tiene todos los días con el subdirector del diario (el poli bueno) y nos ha dicho que nos pongamos a trabajar. Entonces llega la parte de “repartirse el pescao”, o así lo llaman. Esa es la parte en la que tus compañeras te dicen: tú te encargas de esto, esto y esto (y de paso te llenan las manos con folios y folios llenos de notas de prensa).

Mientas nos repartíamos el ‘pescao’ (en gallego, además) ha llegado la redactora jefe y le ha dicho al grupo de gente con la que estaba: “¿Qué? ¿Mandamos a esta chiquilla mañana a una rueda de prensa?” Y claro, como mis compañeras están hasta las narices de ruedas de prensa han accedido encantadas. Y a mí me han hecho feliz. No quepo en mí de gozo. Lo malo es que me va a tocar traducción simultánea del gallego al español, porque esta gente del Ayuntamiento (aquí lo llaman “Concello”) son gallegistas a tope (aunque biingües). Pero bueno, a ver qué tal se me da. Son buenas noticias, ya veremos qué pasa mañana.

Por cierto, nada más duro en esto del perrodismo local que la sección de deportes. Los de la redacción no se han podido poner a escribir hasta que se ha acabado el España-Croacia de hoy. Eso sí, se lo pasan pipa, aunque tengan que cerrar la edición de hoy y salir a las mil. Sarna con gusto…

Diarios de becario en un periódico local- Día 1

El viernes pasado llegué a la redacción por primera vez. Había quedado con la redactora jefe del Diario de Pontevedra a la 13:00. Yo ya me había paseado el día anterior por la puerta del periódico a husmear a los ‘periodistos’ que estaban en la puerta fumándose un cigarro entre artículo y artículo. Y ahí estaba yo, un día antes de mi cita atisbando detrás de la puerta de entrada que se cerraba y se abría constantemente para ver si se podía ver algo de lo que iba a ser mi lugar de trabajo durante los siguientes dos meses. No vi gran cosa. Al día siguiente quizá vi demasiado.

Llegué a la hora acordada, y la redactora se presentó sin demasiada parsimonia. Todo fue muy cordial, me enseñó la redacción, que estaba prácticamente vacía (la mayoría de los periodistas estaban por ahí fuera en ruedas de prensa o haciendo entrevistas) y se también presentó el subdirector del diario.

“Él es el poli bueno, yo el poli malo”, me dijo riendo. Lo cierto es que ambos eran de lo más agradable, tenían porte de jefes, lo cual significa que la cordialidad y las sonrisas se acaban cuando haces algo mal.

Apenas había estado trasteando con el software del diario una hora cuando la redactora jefe se acercó a mí y me dijo: “Ahora entras en el mundo real. Tienes que hacerme la página 68 del diario. Busca teletipos de un estudio del aborto que ha salido hoy y adáptalo. También mete que la SER acaba de fichar a Pepa Bueno y que se puede cobrar  el hielo y el agua en los bares. Búscate además un par de noticias de sociedad. Ah y no se te olvide meter en la noticia de la SER que hace unos días negociaron un ERE para 200 trabajadores…”.

Mientras llenaba de garabatos mi libreta inmaculada no hacía más que pensar cómo narices iba a hacer todo eso en unas horas. Teniendo en cuenta que los compañeros que tenía a mi lado eran encantadores, de estos que cuando les preguntas algo se levantan de su asiento y te lo solucionan, no fue tan difícil. Pero claro, viniendo del ritmo de la universidad, en el que tienes días para hacer un trabajo te estalla la cabeza.

Estaba tan nerviosa que puse que la SER había publicado 200 ERE. Había cometido faltas de ortografía, había tardado la intemerata buscando en el lentísimo software de los teletipos y me había pasado media hora tratando de averiguar cómo insertar una foto.

Dentro de lo malo, la cosa no fue tan horrible. En las redacciones, o al menos en esta, cuando tienes una noticia preparada se la tienes que enseñar al redactor-jefe. Si le gusta, pasa al corrector, en mi caso correctora, que es algo así como una profesora de lengua que amablemente “te llena la hoja de sarampión”, y cito palabras textuales (corrige con un boli rojo).

Buen detalle de la correctora fue corregir mi primer trabajo en boli verde, para que no me deprimiese tanto. Así que en vez de sarampión mi hoja se llenó de motitas verdes por todos lados: comas mal puestas, mayúsculas donde no iban… y por supuesto lo de los 200 ERE.

Hasta las 23:15 no vi la luz de la noche. Llovía a cántaros. Así fue mi bienvenida en el apasionante mundo del perrodismo local.

Llegar a Galicia

Cuando miras por la ventana del avión y ves casas bajas, una marea verde de árboles, prados y carreteras pequeñas vas haciéndote a la idea de que has entrado en Galicia. El piloto anuncia que debemos estar a unos 8 km del suelo, pero según el avión baja para tomar tierra atraviesas una espesísima nube blanca y el sol se queda arriba, por encima de las nubes, y las ventanas del avión se empañan y se llenan de gotas muy finas que corren como espermatozoides por los cristales.

Ya estás en el suelo. Coges la maleta, atraviesas la pequeña terminal de Vigo y nada más salir afuera te inunda un aroma a humedad y a frío cálido. Apenas hay gente que espera, o gente que se va. Todo está tranquilo, y te da la sensación de estar en otro país viniendo de la Terminal 4 de Madrid, que es como una pequeña ciudad en forma de aeropuerto.

Es curioso, pero aquí se respira de otra forma. Al fumar, tus pulmones respiran un aire verdadero, un aire puro, y se te olvida la pegajosa sensación de respirar a medias, como pasa en todas las ciudades en las que reina un sombrero amarillo de contaminación.

Llegar a Galicia es, para cualquiera que se lo proponga, llegar a casa. No importa si vienes de Madrid, de Cádiz o de cualquier otra parte. No es la primera vez que llego a Galicia, pero ésta se presenta de manera distinta. La emoción de llegar a un lugar y pensar que has llegado aquí para contar historias, para conocerlo, desmigajarlo y aprender de él te reportan una sensación de júbilo que te desborda y te hace sentir de miedo. Supongo que es la sensación que tiene cualquier periodista que viaja, pero para mí esta la primera vez. Y me gusta.

Sofía Martínez