Diarios de becario en un periódico local- Día 1

El viernes pasado llegué a la redacción por primera vez. Había quedado con la redactora jefe del Diario de Pontevedra a la 13:00. Yo ya me había paseado el día anterior por la puerta del periódico a husmear a los ‘periodistos’ que estaban en la puerta fumándose un cigarro entre artículo y artículo. Y ahí estaba yo, un día antes de mi cita atisbando detrás de la puerta de entrada que se cerraba y se abría constantemente para ver si se podía ver algo de lo que iba a ser mi lugar de trabajo durante los siguientes dos meses. No vi gran cosa. Al día siguiente quizá vi demasiado.

Llegué a la hora acordada, y la redactora se presentó sin demasiada parsimonia. Todo fue muy cordial, me enseñó la redacción, que estaba prácticamente vacía (la mayoría de los periodistas estaban por ahí fuera en ruedas de prensa o haciendo entrevistas) y se también presentó el subdirector del diario.

“Él es el poli bueno, yo el poli malo”, me dijo riendo. Lo cierto es que ambos eran de lo más agradable, tenían porte de jefes, lo cual significa que la cordialidad y las sonrisas se acaban cuando haces algo mal.

Apenas había estado trasteando con el software del diario una hora cuando la redactora jefe se acercó a mí y me dijo: “Ahora entras en el mundo real. Tienes que hacerme la página 68 del diario. Busca teletipos de un estudio del aborto que ha salido hoy y adáptalo. También mete que la SER acaba de fichar a Pepa Bueno y que se puede cobrar  el hielo y el agua en los bares. Búscate además un par de noticias de sociedad. Ah y no se te olvide meter en la noticia de la SER que hace unos días negociaron un ERE para 200 trabajadores…”.

Mientras llenaba de garabatos mi libreta inmaculada no hacía más que pensar cómo narices iba a hacer todo eso en unas horas. Teniendo en cuenta que los compañeros que tenía a mi lado eran encantadores, de estos que cuando les preguntas algo se levantan de su asiento y te lo solucionan, no fue tan difícil. Pero claro, viniendo del ritmo de la universidad, en el que tienes días para hacer un trabajo te estalla la cabeza.

Estaba tan nerviosa que puse que la SER había publicado 200 ERE. Había cometido faltas de ortografía, había tardado la intemerata buscando en el lentísimo software de los teletipos y me había pasado media hora tratando de averiguar cómo insertar una foto.

Dentro de lo malo, la cosa no fue tan horrible. En las redacciones, o al menos en esta, cuando tienes una noticia preparada se la tienes que enseñar al redactor-jefe. Si le gusta, pasa al corrector, en mi caso correctora, que es algo así como una profesora de lengua que amablemente “te llena la hoja de sarampión”, y cito palabras textuales (corrige con un boli rojo).

Buen detalle de la correctora fue corregir mi primer trabajo en boli verde, para que no me deprimiese tanto. Así que en vez de sarampión mi hoja se llenó de motitas verdes por todos lados: comas mal puestas, mayúsculas donde no iban… y por supuesto lo de los 200 ERE.

Hasta las 23:15 no vi la luz de la noche. Llovía a cántaros. Así fue mi bienvenida en el apasionante mundo del perrodismo local.

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4 pensamientos en “Diarios de becario en un periódico local- Día 1

  1. jajaja, el primer dia de trabajo siempre parece terrible, te estalla la cabeza y las visitas al baño son obligadas, algún día leerás esto y sonreirás pensando que no fue para tanto. La viñeta me ha encantado, Forges forever!, bienvenida a la vida laboral, “perrodista local”

  2. Te felicito porque has conseguido mantenerme enganchada, y tengo ganas de seguir leyéndote. Ojalá todos los días te pasen cosas interesantes para que puedas contárnoslo.
    Ánimo de becaria a becaria!

    Blanca.

  3. Uyyyy me vienen tantos pensamientos a la cabeza de mi primer día de trabajo! Tanta jerarquía, tanto nombre por memorizar…. pero… te vas a reir cuando te lo cuente… me hice un croquis con las mesitas de mi departamento y fuí apuntando los nombres encima para poder dirigirme a cada uno por su nombre…

    Mira que era boba! 😀

    • jajajajaj en serio? No me extraña nada, es un lío acordarse de tanto nombre. El otro día me quedé sin decirle una cosa a mi jefe porque no me acordaba de como se llamaba. Y me daba tanta vrgüenza que pensé “mira, se lo digo a otro”. ¡Muy buena idea lo de las mesitas! (:

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