Diario de un becario en un periódico local- Mi último día

Me gusta Pontevedra por muchas razones, pero una de ellas es que a un ingenioso ser humano se le ocurrió la genial idea de calificarla como lo que es: una “vila boa”, que en gallego viene a significar algo así como “ciudad bonita”. Bonita porque la gente canturrea cuando habla, porque se queda con tu cara y te saluda por la calle después de hablar solo un día contigo. Bonita porque aunque se pase la mayor del parte encapotada bajo las nubes tiene un sol gigantesco el los ojos de las personas que conoces.

He vivido en muchos sitios, pero pocas veces he tenido esa sensación de apego tan grande como la que tengo aquí. Un buen becario debería mirar con mucho ojo el periódico local en el que se mete, porque todo su trabajo va a girar en torno al sitio en el que esté. Como ya publiqué en los primeros posts, aquí todo lo que escribes va encaminado a ‘lo que interesa a los pontevedreses’. Y he de decir que, aunque no me guste nada que le demos tanto bombo al tema de los toros, esta ciudad tiene unos intereses inimaginables para lo pequeñita que es.

Puede que ahora mismo me haya entrado un alarde de inspiración y solo me salen cosas lindas que decirle a esta vila, pero me he pasado muchas tardes resoplando mientras miraba al cielo y pensaba: “con el calorcito que hace en Madrid…”. Pero tengo aquí un mensaje para todos lo madrileños: salid de vuestra burbuja castiza, ahí afuera hay un mundo por desconocer que os va a desbordar, mucho más que vuestra propia ciudad.

Ayer se despidieron mis compañeros de la redacción dándome abrazos y besos, aplaudiéndome y diciéndome que volviera el verano que viene. Y joder, no puedo evitar sentirme tremendamente afortunada por ello. Han sido solo dos meses, pero tan bonitos y tan intensos…. que no sé cómo expresar esa tremenda sensación de gratitud que revolotea por mi cerebro mientras escribo esto.

Ahora hago un alto mientras preparo mi maleta, quizá porque no me quiero ir, o quizá porque ya echo de menos llegar a la redacción y ponerme a escribir. Por ahora, este blog es lo único que tengo para seguir poniendo en práctica el trabajo más bonito del mundo. Y pienso seguir haciéndolo, ya sea en Pontevedra o en cualquier otro sitio. Solo puedo decir que haber tratado con gente tan extraordinaria como la del Diario de Pontevedra me ha hecho darme cuenta de que nuestra profesión tiene sentido, porque todos los pontevedreses andan con un Diario bajo el brazo, o leyéndolo en los cafés.

Hasta siempre Boa Vila. Hoy luce el sol y, sonrójate si quieres, pero estás más boa que nunca.

Diario de un becario en un periódico local-Día 51: El triste día en que detuvieron a nuestro reportero gráfico

Hoy ha habido conmoción en la redacción del Diario de Pontevedra. No era para menos, porque hoy la Policía ha detenido a un compañero fotógrafo que había ido a cubrir la llegada de los olímpicos gallegos al aeropuerto de Vigo. Al parecer ha ocurrido lo de siempre. Mucha gente, aglomeraciones, un policía con un mal día y ale. Se acabó: esposado y al furgón.

Pero lo terrible es que todo esto ha ocurrido sin motivo aparente y sin ningún tipo de respeto hacia nuestro compañero que, todo hay que decirlo, se caracteriza por ser una persona bastante afable. Le han reducido entre cuatro policías y le han puesto boca abajo contra el suelo. Le han pisado la cara poco menos, le han esposado y lo han metido en el furgón de policía. Han tenido que pasar cuatro horas, como poco, hasta que ha podido salir de la comisaría.

Por si no fuera suficiente, le han roto el objetivo, que cuesta una pasta. Al ser un reportero gráfico su equipo es su medio de trabajo, así que no sé cómo se las va a apañar para poder tirar lo que le queda de contrato.

En fin, no sé qué decir. Es un escándalo. Son las situaciones que ves en las noticias o por algún vídeo que te pasan… pero vivirlo de primera mano es terrible, porque te están hablando de un compañero con el que estuviste el otro día cubriendo una historia o tomándote con él una cerveza.

Los redactores del periódico se han volcado en twitter y espero que los redactores jefe lo manden a primera página, porque no es para menos. En general, este tipo de situaciones suelen llevar a la indignación de los periodistas, y es así como debería de ser. A mí sin embargo me entra un sudorcillo que me recorre la espalda y una sensación a la que podría calificar de tristeza. No me sale demonizar a los cuerpos de seguridad de Estado, creo que el debate es otro. No hace falta acabar la carrera o llevar años de experiencia en medios para darse cuenta que este no es un trabajo fácil, que hay que lidiar con situaciones muy chungas y que estamos para contar la verdad.

Así que desde aquí solo me queda darle ánimos a mi compañero Rafa Estévez y contribuir a que no decaiga el ánimo en la profesión. Somos luchadores de pura cepa, por eso lo demostramos cada día haciendo nuestro trabajo. Aunque por ello tengamos que llevarnos una torta de más. Que se jodan.

Diario de un becario en un periódico local- Día 45: Ojos fuera de órbita

Cuando pasan las semanas y te olvidas de escribir tus diarios de becario puede significar dos cosas: la primera que estás hasta arriba de trabajo y que no sacas el tiempo para escribir tus vivencias. La segunda es que te has hecho con la vida social de la zona y estás de fiesta en fiesta. Podría decirse que mis razones son un híbrido de ambas, aunque con más peso del trabajo que de la fiesta.

Realmente tiene su dificultad tener que ponerte a escribir TODOS LOS DÍAS sobre algo. Me he dado cuenta de que, al menos en la sección de cultura, más te vale ser un plumilla, porque si no acabarás muerto. Independientemente de lo que pase, tienes que adornarlo siempre. Y cuando digo adornarlo no me refiero a inventarte cosas, sino a contar aquellos detalles que la gente ve, pero que se les escapa.

Por ejemplo, llegas a cubrir una concentración de chavales que están de botellón durante las fiestas y no puedes escribir lo que la gente pueda ver por sí misma: están borrachos, está lloviendo, hacen el loco, llevan camisetas identificativas por grupos y no paran de cantar y bailar. Hay que ir más allá, echarle un poco de gracia al asunto y tener los ojos lo más abiertos posible, casi fuera de las órbitas.

Muy probablemente pocas personas vieron cómo coros de decenas de personas alzaban el cubata a las 06.00 de la mañana para cantar al unísono la canción de la serie infantil ‘Bob Esponja’ (emocionadísimos, ni Paquito el chocolatero). Tampoco sabrán que a eso de la 01.00 de la mañana había gente haciendo ‘esquí acuático sobre adoquines’ (literlal, no es broma) por las calles en cuesta de Pontevedra con los pies sobre dos bandejas del Burger King. Y tampoco habrían visto cómo una chica que estaba más que perjudicada andaba por la Plaza del Teucro con dos bolsas de basura enredadas en cada pie.

Se ve que el oficio del cronista, y más en fiestas, es poner el ojo en lo que la gente no suele ver. Porque, aunque lo vean, únicamente se quedará en el comentario simpático del que tienen al lado y caerá en el olvido. Pero las páginas de un periódico (venerémoslas ahora que las tenemos) son algo mínimamente duradero y que las personas leen al lado de su café por las mañana. Lo primero que me dijo mi redactora jefe cuando entré en la redacción es que “hay que ganarle la batalla al cruasán todos los días con lo que escribimos”, refiriéndose a la gente que tiene en una mano el cruasán y en la otra el Diario de Pontevedra. Y esa es la batalla diaria en la que andamos metidos. Una batalla en la que, espero, estemos ganando todos los días manteniendo los ojos abiertos.