Living in an American College- Los ecos de España

Imagen que fue portada hace unos días del New York Times en la que aparece un vecino de Vallecas rebuscando en un contenedor. (Samuel Aranda)

Llevo ya casi un mes aquí y creo que ya he repetido como cien veces que soy española, que vengo de Madrid y que soy merengue (todo en un pack, así bien juntito para que se formen la idea correcta). Y por lo general cuando doy esa información a la persona con la que estoy hablando suele esbozar una sonrisa y decir: Spain? Wow, that’s cool!

Y a partir de ahí puede derivar en muchas cosas. El 50% de las veces la otra persona empieza a chapurrear “Holah como… essstásss?” o “mi noumbre es Kirikú” (si es que se llama así el/la muchacha). El otro 50% puede derivar en un pasotismo del interlocutor (es una posibilidad) o en una conversación paralela sobre la comida, la fiesta, la edad para beber alcohol (eso marca la diferencia aquí, os lo digo) y cosas por el estilo. Pero me sorprende que de todas esas conversaciones-tipo que he tenido, que son muchas, apenas nadie me haya preguntado últimamente: oye, ¿y qué está pasando en España?

España está fatal tío. No hay trabajo, la gente sale a la calle para decir lo que piensan y al día siguiente la prensa se hace eco de las batallas campales que se libran. El otro día aparecía en la portada del New York Times una foto de Samuel Aranda (el ganador del World Press Photo de este año) en la que aparecía un vecino del madrileño barrio de Vallecas rebuscando en la basura un trozo de comida que llevarse a la boca. Terrible visión, y más si te la encuentras tomando un opulento desayuno en la cafetería un College Americano para niños ricos, como era mi caso.

A lo que voy, la prensa de aquí se hace eco de lo mal que estamos en casa. No obstante, parece que ese tipo de informaciones o bien no llega a la gente o bien nadie tiene demasiado interés en saberlo. En el imaginario colectivo sigue primando una visión de España relacionada con el sol, la playita, el tinto de verano y el camino de Santiago. No vale quejarse, porque es lo que exportamos a los yankees y la razón por la que vienen en masa a pasar sus holidays a España (y a dejar de paso un poquito de dinero en el país, que buena falta nos hace).

Hace un par de días miles de personas en Madrid se echaron a la calle. Hubo abusos, hubo rabia, pasó lo de siempre supongo. La gente está hasta las narices de las cosas y protesta, se enciende y arma escándalo. Bien por ellos, es lo que hay que hacer. Pero se forma la marimorena. La conclusión es que el mensaje que mandamos no llega. Quiero decir, sí que llega, porque todo el mundo que se quiera informar sabe que hubo movida en Madrid, pero vagamente adivina por qué. Y esa es, en mi opinión, la cuestión principal.

Me esforzaré en contar por aquí lo que está pasando estos días en Madrid. Aunque hablar de disturbios y de cargas policiales en un lugar como Vermont es lo más antinatural que se me ocurre. Aquí la gente es feliz con sus comidas gratis, sus clases de élite, su Sunday Night Football y su equipo de limpieza que viene a limpiarle los váteres dos veces a la semana. ¿Hay alguna razón para quejarse en un lugar como éste? No lo creo.

Sólo una última estampa. Mientras los estudiantes de Middlebury College (algunos) miraban en la portada del New York Times la foto del vecino vallecano rebuscando en la basura revolvían con el tenedor sus huevos revueltos que, unos minutos más tarde, tirarían a la basura por tener la panza llena. No es un mito, estamos en el país más rico del mundo. 

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