Por qué me gustaría tener más amigos americanos

Para los que no estén familiarizados con la edad legal para beber en los EEUU, que sepan que hasta los 21 años se te considera un bebito social incapaz de consumir bebidas alcohólicas. Eso no significa que no puedas comprar un arma o conducir un coche desde que tienes 16. En fin, es la lógica estadounidense de la seguridad y la madurez del hombre adulto que no acabo de entender.

Partiendo de esta premisa empecemos con esta historia. Ayer era jueves, o más conocido como “juebebes”, en el que todos los alumnos del campus que tienen más de 21 años se dan el gusto de acudir al único bar del pueblo, beber un poquito y hacer el tonto con las chicas que tienen en su alrededor. Porque pueden, porque quieren y porque llevan toda la semana levantándose a las siete de la mañana para hacer trabajos y necesitan romper con todo antes de que llegue el fin de semana, que esperan como agua de mayo.

Como buen “juebebes” fui al bar con algunas amigas, de hecho una de ellas cumplía 21 años esta noche y era la ocasión perefecta para quemar el bar y beber unas copichuelas. Todo estaba perfecto, la música era genial y aunque había que esperar un poco de cola para entrar en el bar del pueblo estábamos cantando canciones de Hilary Duff para olvidar que hacía -2Cº mientras la gente estaba demasiado sobria como para apuntarse a nuestro concierto a capela. Cuando llegamos al bar reconocí mucha gente. Amigos de clase, de fiestas… de cualquier lugar, más que nada porque aquí se conoce todo el mundo. Estaban con diferentes grupos de amigos y había que esperar a que se caldease el ambiente para sacarles a bailar un ratito y hacer el tonto con ellos.

Tras unos chupitos y una cerveza, se me ocurrió la genial idea de pillar por banda a un muchacho al cual conocía de haber trabajado con él durante el mes de enero en un proyecto independiente, así que decidí sacarle a bailar. Teníamos la confianza suficiente (o eso pensaba) para estar haciendo un tonto un rato, y luego cada uno a lo suyo. Y cuál es mi sorpresa cuando al cogerle de la mano para bailar a lo “free style” me coge el tipo por la cintura y empieza a magrear. Sin precio aviso, así a palo seco. Y yo me pongo a pensar… ¿qué narices les pasa a estos tíos? ¿Es que no saben diferenciar entre “quiero bailar contigo””quiero acostarme contigo”? ¿Qué les pasa?

Lo peor de todo es que pensaba que este chaval era mi amigo, no solo porque me cae estupendamente si no porque hemos compartido un montón de experiencias juntos el semestre pasado. Pero cuando te acercas a bailar un rato con él, va y quiere lo que cualquier otro tipo desagradable en el bar iría a buscar contigo si te le acercases.

Cuanto más conozco a la sociedad americana (o quizá debería decir la pequeña sociología de un College americano de niños-bien) más reafirmo mi idea de que aquí la frustración sexual es un tema candente. Al tener tanto trabajo aprovechas cada oportunidad para evadirte sexualmente, y te importa un comino quién sea tu amigo o quién no. Lo importante es llevarse a alguien a la cama.

El jueves pasado me pasó exactamente lo mismo. Un chico que pensaba que era mi amigo acabó mordiéndome la oreja e insinuándome básicamente que o le daba un beso o no me dejaba irme. ¿Se puede ser más idiota? ¿Qué les pasa a estos tíos cuando se emborrachan? Yo hago mis mayores esfuerzos por tener la mayor cantidad de amigos que puedo, pero he de admitir que resulta difícil, porque todos, absolutamente todos sin excepción, quieren algo más de ti. Y si no se lo das, se van y les importa un comino lo simpática que seas o lo mucho que les aprecies.

El prototipo de hombre norteamericano es encantador, por lo general guapo y a pesar de comer como un jabalí puede llegar a ser dulce. Pero ojo, si se pone a bailar contigo de manera provocativa y no le das lo que quiere no esperes mucho más. Y en el caso de que acabes enrollándote con él al día siguiente tanto él como tú actuaréis como si no hubiera pasado nada. Este sin sentido es el que dicta las normas de una universidad tan pequeña como Middlebury y es lo que entreteje esta entretela de contactos entre chicos y chicas que, a día de hoy, distan mucho de ser amigos. O amigos de verdad, de esos que bailan de manera divertida sin tocarse el trasero. Ay de ellos el día que le bailen así a una muchacha en un bar de La latina… se les va a caer el mundo encima. O el pene.

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Un pensamiento en “Por qué me gustaría tener más amigos americanos

  1. Ayyyy Dios mío!!! Que cara se te debe poner… jaja… es como si lo estuviera viendo… estos chicos….

    Como siempre, me ha encantado tu artículo.
    Un besazo niña.

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