De cómo superar una ‘crisis redaccionil’ sin ser Flaubert

Uno de los mayores problemas de la prensa escrita es que tienes que ser un Bécquer todos los días. A mí me dan envidia esos redactores de las secciones de economía cuyo trabajo consiste en decir lo que ha pasado, si la bolsa sube, baja o si el Dow Jones estaba perezoso esta mañana. Me dan envidia porque yo me paso los días dándome cabezazos en la sección de cultura, tratando temas preciosos pero tan complejos… no se puede hablar de música, ni de cine, ni de teatro así sin más.

Un concierto no es información por sí solo, lo que es información es cómo bailaban los chavales entre el público, quién tarareaba las canciones o cómo miraba el guitarrista a una chica entre el público. Si te olvidas de estos hechos insignificantes que hacen de tu crónica algo digno corres el peligro de caer en la mediocridad y de que tu artículo se desinfle y se quede en un espantapájaros de letras, delgaducho y nada apetecible.

Este es el mal que me corroe todos los días cuando me siento en mi mesita (ya hay que dar las gracias por tener una siendo becario) y me pongo a aporrear el teclado. Me da muchísima rabia, porque basta con que esté hasta arriba de ideas todo el día para que en el momento en que me ponga a escribir se me desinflen los talentos. De repente no tengo nada que contar, no hay síntomas de originalidad en mis frases ni metáforas gráficas. ¿Será que no valgo yo para esto? ¿O será que no me he estrujado las sienes lo suficiente? El vocabulario y las palabras son limitadas, y cuando no paras de usarlas se gastan.

Estos días me he puesto a pensar y he descubierto el antídoto a las amenazas de esta ‘crisis redaccionil’. Estar todo el día en una redacción produciendo te lleva a pasarte las horas barriendo los recovecos de la memoria buscando palabras que no habías usado, y eso es un recurso limitado a largo plazo. Por eso, ayer al llegar a casa cogí a Flaubert con más ganas que nunca, me puse a ver documentales sobre delfines y funambulistas y escuché a The Weepies durante dos horas seguidas. Y así, a base de información fresca y genialidad ajena poco a poco voy rellenado mi cabeza del vaciado cultural que sufro a diario.

Me tranquiliza pensar que las ideas vuelven a surgir cuando alimentas las neuronas. Al fin y al cabo nadie somos Bécquer ni pretendemos serlo. Y menos aún los periodistas, que tenemos que contar cosas al mundo todos los días y no tenemos tiempo para florituras al teclado. Supongo que es normal caer en una de esas ‘crisis redaccioniles’, seguro que hasta Flaubert también las tuvo. Aunque  no sé yo…

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2 pensamientos en “De cómo superar una ‘crisis redaccionil’ sin ser Flaubert

  1. Totalmente de acuerdo, el punto de saturación es una barrera que nunca hay que superar, yo también creo que ni somos máquinas, ni debemos tocar fondo, y es cuando hay que alejarse un poco.. echar mano de lo que llevamos en la mochila y parar. ¿Qué llevas tú en la mochila?. Enhorabuena por estas lecturas tan amenas 😉

  2. De vez en cuando todos tenemos alguna crisis de inspiración y supongo que es casi imposible ser inmune a la duda sobre tus propias capacidades de innovar y crear. En mi caso particular, dada mi profesión, esto no es particularmente importante, pero para escritores, guionistas, columnistas de artículo diario, modistas, cocineros, restauradores, pintores, artistas varios, publicistas y un largo etcétera de personas, entiendo que la falta de inspiración es una espada de Damocles que pende sobre ellos cada día ¿Cómo se puede vivir con eso? Supongo que la capacidad de adaptación del ser humano, y su creatividad, no tienen límites, que hay que tener un “depósito de reserva” de autoestima y confianza en uno mismo y que, si algún día las cosas no salen redondas, hay que tener la cabeza fría y simplemente pensar, en lugar de “!esto es el fin !”, “mañana saldrá mejor”. Además, hay que ser como esponjas, cada día, a cada momento, la vida pone ante nuestros ojos miles y miles de argumentos e ideas nuevos si estamos en disposición de verlos…Ahí están, siempre muchos, siempre nuevos, si somos capaces de verlos…Un fuerte abrazo y mucho ánimo a todos los que viven de su creatividad, algunos de ellos tan próximos a mí…

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