Principio de inceridumbre

Werner Heisenberg, ideario del concepto físico del principio de incertidumbre.

La incertidumbre siempre aporta a nuestra vida cierta carga de aventura y espontaneidad que hace que merezca la pena vivirla. A mí siempre me gustó estar a la espera del próximo capítulo y así es como han transcurrido mis últimos cuatro años de carrera.

Sin embargo, llega un punto en el que te miras los pies y lo único que ves bajo las zapatillas es un acantilado sin fondo que todos a tu alrededor tratan de sortear. “No te tires, que por ahí no hay más que miseria y contratos basura”, te dicen los que se graduaron hace algunos años y cuyas ojeras y rutinas se han ido haciendo más grandes y más feas con el paso del tiempo.

Creo que, cuando eres estudiante de periodismo, tu peor pesadilla es graduarte. Ahora mismo no hay un solo medio en España que quiera contratarte, al menos en serio, ni aunque te hayas pasado un verano trabajando para ellos por cuatro duros. Siempre queda la opción de ponerte a trabajar al servicio de una empresa para contar al mundo lo bien que hace las cosas y esconder sus trapos sucios debajo de la alfombra del departamento de comunicación (esos trapos sucios que despiertan tu espíritu de periodista y te dicen: “soy un escándalo, ¡merezco un reportajillo!”).

Qué se puede decir… aunque la situación sea desoladora, en el próximo mes de junio se graduarán en España al menos 2.000 periodistas. Quizá entre ellos haya algún futuro Lorenzo Milá, una Pepa Bueno e incluso con suerte un Vargas Llosa. Lo que está claro es que, a pesar de lo negro que nos lo pintan, atravesamos un fascinante momento de la historia en el que las estructuras de poder están cambiando y en el que siguen teniendo lugar guerras, atrocidades contra los Derechos Humanos y corrupción política a gran escala.

Puede que me confunda, o quizá esté hablando en un arranque de quijotismo, pero pienso que es tiempo de periodismo. Podemos ser los que aporten un poquito de claridad informativa, las neuronas frescas y luchadoras que no se comen la papilla mediática a la que nos vienen acostumbrando desde hace tiempo. Hay mucho que contar. Puede que en un par de años cambie mi perspectiva, pero hoy por hoy sigo apostando por una generación de informadores honestos y responsables. Ahí estaremos para hacer una buena crónica de la realidad. Bueno, al menos eso espero.