De cómo enamorarse de las ideas según David Lynch

David Lynch es un director de cine estadounidense ganador de tres Oscar y tres Globos de Oro. Su genio cinematográfico ha regalado al mundo auténticas obras maestras como la serie Twin Peaks o el largometraje Terciopelo Azul.

SOFÍA MARTÍNEZ

MADRID. No es nada común que un personaje de la talla de David Lynch venga hasta el inhóspito Getafe a impartir una conferencia. Tras haber acaparado todas las miradas ayer en el Museo Reina Sofía (a su conferencia de ayer asitió el mismísimo Almodóvar), la Universidad Carlos III fue la próxima parada en su estancia en Madrid. El oscarizado director está de gira con su fundación para dar una serie de conferencias bajo el nombre de “Meditación, cretividad y paz”.

A pesar de la larga cola que rodeaba el edificio de Rectorado de la Universidad, ningún estudiante se quedó sin ver al maestro del celuloide. Con cinco minutos de retraso, la conferencia comenzó y la presencia de David Lynch hizo que toda la sala se pusiera en pie. Lo cierto es que fue emocionante tener delante a un tipo que, válgame dios, es una auténtica estrella, el genio tras las cámas de Twin Peaks, un poseidón del séptimo arte que ha legitimado el audiovisual como la gran expresión artística de los últimos tiempos.

La meditación, el ser humano, es subconsciente o la creatividad fueron las palabras que más sonaron en la diáfana sala. Oír la voz de Lynch era como escuchar a un sabio, a alguien que tiene mucha tierra en las suelas de sus zapatos y que sin embargo rezuma humildad y sencillez. No era la típica conferencia a la que solo acudes para ver a alguien de renombre. Era un verdadero diálogo entre el público y el director, quien no dudaba en bromear y en hacer reflexionar a los asistentes sobre la importancia de conocerse a uno mismo para ser capaz de crear grandes cosas.

Me enamoro de las ideas, y creo que el cine y las técnicas cinematográficas son el medio más adecuado para poder transmitirlas”. Lynch se refirió en varias ocasiones a ese termino: “enamorarse”, y lo cierto es que de sus palabras se desprendía un verdadero cariño al trabajo y a la capacidad creativa del ser humano.  Sean cuales fueren las ideas que un día enamoraron a este director de Missoula (Montana), han calado en el público de todo el mundo y han marcado un hito en la historia del cine. No en vano acumuda tres Oscar, tres Globos de oro y le han convertido en una eminencia del cine.

EL PROCESO CREATIVO

Según Lynch, es necesario estar en paz con uno mismo para poder crear. “La clave está en poder contar historias en las que haya sufrimiento y dolor, porque al fin y al cabo es una parte importante de nuestras vidas, pero a la vez evitando que nosotros mismos seamos víctimas de esa energía negativa”.

Una frase que nos ha dejado esta mañana el Señor Lynch, y que ha despertado una sonora carcajada en toda la sala, es “yo nunca pienso en el público”. Si por casualidad alguna vez alguien pensó que el verdadero arte es aquel que es reconocido públicamente, Lynch le diría que estaría equivocado: “hay tanta gente en el mundo, con intereses tan dispares que es imposible  crear pensando en lo que va a pensar la audiencia“. La receta de Lynch es, sin duda, conocerse a uno mismo, creer en nuestra propia creatividad y lanzarla no con fines de popularidad, sino con la esperanza de que esa cretividad sea capaz de generar felicidad en los demás.

El antídoto secreto del director es la meditación. Realmente no es un concepto que haya calado mucho en la sociedad actual, al menos en la española, pero él la considera la mejor vía para alcanzar la felicidad. David Lynch no dudó en ponerse a garabatear sobre un proyector para que toda la sala pudiera entender gracias a sus explicaciones gráficas el concepto de “meditación trascendental”, que viene a ser algo así como la reflexión interior que ahonda en las capas superficiales de nuestra mente y que nos lleva a un estado en el que somos plenamente felices y en el que desechamos todas las energías negativas.

Habrá que probar sus técnicas de mesitación, pero la verdad es que todo él desprendía un halo de serenidad y grandeza del que dio gusto empaparse durante poco más de una hora. ¡Hasta la vista Sr. Lynch!

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2 pensamientos en “De cómo enamorarse de las ideas según David Lynch

  1. Qué suerteee poder haberle escuchado, qué envidia. Gracias por trasladarnos a la sala de conferencias y contarnos lo que has vivido allí.

  2. Pingback: Articulos de prensa sobre David Lynch en Madrid (1) | M Trascendental

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