Una foto en blanco y negro

 
Mariano Rajoy y Barack Obama, hoy en la Casa Blanca.

Mariano Rajoy y Barack Obama, hoy en la Casa Blanca.

Mariano Rajoy pisó ayer por primera vez la moqueta de la Casa Blanca. Ha costado que a España le hicieran un hueco en la agenda de Obama, poco menos que se contaban los minutos que faltaban para que Wasington nos mandara una invitación. ¿Os acordáis de aquella cumbre del G-20 en Rusia en la que se anunció a bombo y platillo que ambos líderes habían mantenido una pequeña conversación en uno de los pasillos? Bueno, pues el resultado ya lo tenemos, aunque no da para mucho: una bonita foto en blanco y negro que no es más que un reflejo de nuestro perfil gris en política exterior.

Ni un ápice, ni un atisbo de luz muestra España cuando se trata de liderazgo estratégico. Una visita a la Casa Blanca podría haber sido un buen momento para anunciar algún objetivo, alguna motivación por pequeña de fuera de mantener una relación sólida con Latinoamérica, por ejemplo.  Sin embargo, uno despierta de esos delirios de grandeza al ver las imágenes de este encuentro cuando  se da cuenta de que España no tiene, o no parece tener, vocación de líder.

Resulta razonable pensar que, al menos por ahora, no le queda más remedio que andar de la mano de Estados Unidos si es que quiere pintar algo en el mundo. Quizá España ya tenga suficientes problemas en política interior como para ponerse metas al otro lado del Atlántico, pero una visita a la Casa Blanca parece el momento idóneo para poner de manifiesto que andar sin rumbo en política exterior bajo el ala de Estados Unidos a la larga puede a traernos malas noticias.

¿Y qué puede hacer España más allá de sus fronteras?

Fortalecer lazos con Latinoamérica, tan adelantada en esta carrera con respecto a España, es sin duda una de las bazas más importantes que tenemos si es que queda alguna intención apuntarse al carro de los que parten el bacalao.

Olvidarse de ese concepto abstracto y sin sentido de la Marca España, que no hace otra cosa que poner de manifiesto nuestra falta de visión estratégica, y sumarse a la corriente europeísta, desarrollando capacidades para apadrinar a aquellos países que quieren entrar en la Unión.  La Marca España debilita, la Unión fortalece.

Destinar partidas importantes al intercambio entre estadounidenses y españoles puede ser otra buena herramienta para motivar la creación de empleo en España y, a la larga, potenciar nuestro liderazgo. Estados Unidos creó 22 millones de puestos de trabajo en el 2013, seguro que hay cosas de las que podemos aprender de ellos, y la manera de hacerlo es facilitando la presencia de españoles en las Américas.

Los latinos serán en un futuro no muy lejano una parte importante de la población en EE.UU., estaría bien que esos cientos de millones de latinos se acordaran de la conexión cultural y lingüística que tienen con España para poder multiplicar nuestro liderazgo potencial.

A pesar de lo ingenuo de estas propuestas, creo que los españoles se sentirían más representados si la próxima vez que su presidente llegue a la Casa Blanca no lo haga mudo y a la espera de la aprobación del tío Sam, sino con la cabeza alta y la personalidad suficiente de la que creo que es digna un país como el nuestro, una personalidad que aunque brille por su ausencia cuando se trata de  líderes políticos, es el eco de una sociedad civil que tiene mucho que decir y mucho que aportar al nuevo orden mundial que se avecina. 

Anuncios