La jungla eurófoba

Los euroescépticos jugarán un papel importante durante los próximos cinco años en el Parlamento Europeo. ¿Serán los partidos europeístas capaces de afrontar el reto de acallar a quienes quienes destruir la UE desde dentro?

Sofía Martínez

¿Qué pasa cuando la tercera fuerza política en Europa es partidaria de acabar con ella? Tras las elecciones del pasado 25 de mayo, la amalgama de partidos que forman la jungla eurófoba han entrado en el Parlamemto Europeo con un discurso populista y xenófobo que, según los expertos, es cuestión de tiempo que desembarque en España.

390 millones de ciudadanos europeos estuvieron llamados a votar a los miembros del Parlamento Europeo, la institución supranacional más poderosa del mundo que es paradójicamente la que menos credibilidad tiene de los ciudadanos.

Según el Eurobarómetro, solo tres de cada diez europeos creen en la UE. Los expertos apuntan que, a excepción de Alemania, España y Portugal, esta desafección ha traído consigo una amalgama de partidos populistas y xenófobos a los que han puesto la etiqueta de “eurófobos” o contrarios a la idea de Europa.

¿Pero qué es exactamente la eurofobia? José Ignacio Torreblanca, miembro del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores, expone a Efe que este concepto se refiere a los partidos que buscan acabar con “dos elementos clave del proceso de integración europea: la moneda común y la libertad de circulación de personas”, y cuya idea de Europa representa “una amenaza para la identidad nacional”.

Estos partidos están representados en el panorama político comunitario por formaciones como el Frente Nacional de Marine Le Pen en Francia, el partido independentista UKIP en el Reino Unido, o el neonazi Aurora Dorada en Grecia, unos de los muchos integrantes de un movimiento populista que aflora en Europa y en todo el mundo, asegura el investigador del Instituto Elcano Ignacio Molina.

“La UE no es la causa. El populismo es más un movimiento que tiene que ver contra la globalización, contra el multiculturalismo”, explica Molina Efe, alegando que se trata de “una reacción en un contexto de postmodernidad” que se apoya en el discurso del miedo para convencer de que Europa es la madre de todos los males.

Torreblanca añade que el gran reto de los europeístas es enfrentarte a este “discurso simplista” con el que a menudo resulta difícil luchar: “Europa es el problema, la nación es la solución. La inmigración es el problema, el euro es el problema… volvamos a la moneda nacional”.

El odio a los inmigrantes, uno de los temas que más preocupa a los grandes partidos, es el argumento estrella de los eurófobos, que promueven políticas xenófobas contra la población gitana, subsahariana y, a veces, contra países occidentales como España.

Buen ejemplo de ello fue el vídeo viral del pasado año en el que una ciudadana inglesa insultaba a una joven sevillana por ser española. La protagonista del incidente, Bárbara Iniesta, asegura a Efe que se trató de un episodio puntual, aunque “incorrecto e inhumano”, con el que muchos inmigrantes que viven en Europa “pudieron sentirse identificados”.

Ante la cuestión sobre qué harán los eurófobos  en el Parlamento, los expertos responden: “a nivel práctico no tienen por qué dificultar la política”, expone a Efe Xavier Casals, profesor de Historia Contemporánea de Europa en la Universitat Pompeu Fabra.

Casals considera que la mayor parte de los eurófobos son partidos de extrema derecha que nacen de diferentes coyunturas estatales y a los que les une una agenda negativa, con lo cual “teniendo en cuenta que el mejor de los casos es que consiguen el 15 % del parlamento” es cuestionable que acaben uniendo sinergias y siendo efectivos.

En este puzzle político antieuropeo, España, Portugal y Alemania se postulas como excepciones, pues en ninguno de ellos presenta a estas elecciones a partidos eurófobos de extrema derecha, un signo que Ignacio Molina de Elcano atribuye al trauma histórico de estos países con su pasado y al rechazo sistemático de la extrema derecha.

“Pero el terreno está bastante abonado”, recuerda el investigador ante la posibilidad de que surja en España una opción eurófoba, la cual “vendría de la Izquierda”, según el profesor de la Universidad Rey Juan Carlos Jorge del Palacio, quien asegura que en España es la izquierda la que se muestra más partidaria de refundar la idea de Europa, sobre todo en políticas de austeridad.

Frente al discurso antieuropeo, plataformas de europeístas jóvenes como CC/Europa recuerdan que “el Parlamento Europeo es la única institución que votamos directamente”, por lo que anima a que los españoles crean en Europa “pero siendo crítica con su funcionamiento”.

Salvador Llaudes, uno de sus miembros, cuenta a Efe que la nueva generación de jóvenes europeos están fuera del discurso eurófobo y encarnan “una generación Ryanair que no entiende de fronteras” y cuya idea de europa está “enraizada en el ser propio”.

De cine cerrado a cine recuperado

Cada vez son más las salas de cine que se cierran en España. La fórmula que han ideado algunos ciudadanos es convertir estas salas cerradas en cooperativas y diseñar su propia programación.


Sofía Martínez

Madrid (EFE).- “Larga vida a las salas de cine, sobre todo a las pequeñas”, dicen los precursores del cine autogestionado, un movimiento que ha salvado del cierre a numerosas salas de cine en España y que ahora está de aniversario gracias a los cines Zoco de Majadahonda, que ahora cumplen cuatro meses de exitosa vida.

Los cines Cineciutat de Palma, el antiguo Renoir de Majadahonda (Madrid), las pequeñas salas de El Escorial (Madrid) o el Cine Aranda (Burgos) son algunos de los espacios que han sido recuperados o están en vías de hacerlo, gracias a asociaciones locales que los han convertido en cooperativas financiadas gracias a las cuotas de sus socios.

Los cinéfilos mallorquines se plantearon la autogestión cuando un día de mayo de 2012 se despertaron con la triste noticia de que cerraba la sala Renoir de Palma, la única que proyectaba películas en versión original y que llevaba a la isla cine independiente.

“¿Y por qué tenemos que despedirnos de las salas?”, se preguntó Pedro Barbadillo, director de cine y espectador asiduo del Renoir, mientras comía con unos amigos.

“Haz tuyo el cine” es el eslogan que idearon los miembros de la asociación Xarxa Cinema para recuperar los cines cerrados de Renoir en Mallorca.

Barbadillo explica a Efe cómo esa misma semana consiguió reunir a esos amigos y a otros tantos que también se oponían al cierre, “aprovechando el calor de la rabia”, para animar a la gente a que contribuyera con algo de dinero para rescatar el cine de Palma.

“Salvemos el Renoir”, rezaba un manifiesto del que se hizo eco media isla con el apoyo de la prensa local y que hizo posible, en un tiempo récord de mes y medio, que los antiguos cines Renoir pasaran a llamarse Cineciutat y que estuvieran gestionados por un centenar de vecinos de Palma de Mallorca.
El proyecto de Palma fue pionero en el fenómeno “Haz tuyo el cine” y consiguió reavivar la cultura local gracias a los vecinos, además de servir de ejemplo a otros ciudadanos con las mismas inquietudes.

El Renoir Majadahonda siguió los pasos de Cineciutat y se convirtió en una cooperativa, gracias al apoyo de asociaciones locales y de cineastas como Fernando Trueba, que han permitido que esta semana cumpla cuatro meses de vida.

“Nos caracterizamos por ser un grupo plural y heterogéneo, unidos por la voluntad de salvar un tipo de oferta cultural que está a punto de perderse”, explica la asociación cines Zoco de Majadahonda en su web, en la que hacen referencia a los cines CineCiutat como guías de este proyecto.

El éxito de los cines de Palma y de Majadahonda sembró la semilla de la autogestión, que ahora quiere ser seguida por otras salas en diferentes partes de España, como el Cine Variedades de San Lorenzo de El Escorial (Madrid), el cual sueña con salir de las ruinas para volver a ser el centro cultural que fue en otra época.

El edificio de estos cines, que está en vías de recuperación, es desde hace años la reivindicación de vecinos como Pedro Puig, promotor de la asociación Cine Variedades y partidario de convertirlo en un espacio para el ocio.

El mal estado del Teatro cine variedades causó la muerte hace unos meses de una joven de 20 años que se encontraba dentro del cine con unos amigos haciendo botellón.

 “Los vecinos de San Lorenzo llevan desde el año 2011 sin cine”, lamenta Puig, a la vez que critica la negativa del Ayuntamiento a financiar este proyecto: “Están dejando de la mano de Dios la cultura local del pueblo”.

A dos horas en coche de este municipio madrileño, dormita otro cine que sueña con ser recuperado, el Teatro Cine Aranda, un espacio que lleva en pie desde la posguerra y cuya rehabilitación se ha convertido en prioridad para algunos ciudadanos de Aranda de Duero (Burgos), como Jesús de las Heras, promotor del proyecto en redes sociales.

Este vecino ha creado una página en Facebook bajo el nombre “Rehabilitación y Recuperación del Teatro Cine Aranda”, que cuenta con más de 300 seguidores.

Según cuenta, el espacio “no está técnicamente preparado” para que se proyecten películas, puesto que “aún tiene los muebles de hace 60 años” y no ha sido reformado “nunca”.

De las Heras busca “generar conciencia de que algo tan valioso para el pueblo de Aranda no se puede perder”, con la esperanza de que, al igual que en San Lorenzo del Escorial, el Ayuntamiento invierta en este proyecto.

Son solo algunos lugares en los que ya ha calado el espíritu de la autogestión, una vía que se perfila como una alternativa ante la crisis de las salas, que, al parecer, cada vez resultan menos rentables para las exhibidoras.